viernes, 29 de mayo de 2026

El último descarte

El último descarte

Nunca he tenido un cuerpo atlético ni se me han dado bien los deportes. De pequeño chupaba banquillo o acababa de portero. Es triste ser el descarte cuando los jefes de patio eligen sus equipos. Pero así crecí. Inmune a todas esas mierdas. O por lo menos eso creía.

Practiqué un montón y en todos destaqué por mi torpeza. No era el gordito; era el enclenque de cuatro ojos. En las pelis, por lo menos, los enclenques son cerebritos. No ha sido mi caso. Pero soy tozudo y seguí intentándolo.

Durante años hice karate. Creo que el primer dan me lo dieron más por pena que por otra cosa. Me encantaba. Cada entrenamiento, solo el calentamiento, ya era un suplicio. Y en el kumite, sin lentillas, solo veía manchurrones. Estaba genial. Te sentías vivo. La adrenalina. Hasta que me lesioné el hombro y lo tuve que dejar.

También adoraba el yoga. Me planteé ser instructor, eso te lo juro. Luego vino el spinning: ¡Dios, cómo sudaba! Salías arrastrándote después de darlo todo. Y la sauna después. Cómo echo de menos la sauna.

Pero eso fue antes. Ahora tengo una vergonzosa tripilla. El maldito cortisol. Mi sedentarismo de las horas más bajas. He vuelto, eso sí: descubrí el clubbell y la creatina. Me gustan las clavas. Se me están poniendo fuertes los brazos. Malditas almorranas. Tengo que beber más agua.

En los últimos meses he ganado unos kilillos. Han ido todos a la panza. Ahora casi nunca voy a la playa. Me da vergüenza.

Se rompió la báscula en casa hace un tiempo y me da miedo comprar otra.

Soy inconstante. No paro de picar entre horas, y no precisamente proteína.

El último descarte Nunca he tenido un cuerpo atlético ni se me han dado bien los deportes. De pequeño chupaba banquillo o acababa de por...