Parece un crimen reconocerlo. Como si fuera algo evidente su sinsentido. Pero sí, basta de hipocresía: a los feos, viejos y pobres también nos gustan las guapas, jovencitas y ricas, en todas sus acepciones. Qué se le va a hacer, es cuestión de biología. Por lo menos para un revolcón, al que se le levante, que soñar es gratis y lo otro nunca lo es. Resignación. Qué odiosa palabra. Parece ser que es nuestro destino. Y algunos aceptan las cadenas con alegría. Pero la experiencia es clara: mejor solo que mal acompañado. Seré un viejo verde. Pero en mis sueños vuelvo a ser joven, soy otro más atractivo y mejor. Allí tengo el control. ¿Acaso son peores que la triste realidad? Nunca fui atractivo ni por dentro ni por fuera. Dicen los de la machosfera (sí, he estudiado) que a las mujeres no les importa la belleza; que lo que buscan es un macho alfa: serlo, o mejor aún, parecerlo. Y dedican todos sus recursos —tiempo, dinero y energía— a interpretar el papel de sus vidas. Durante algún tiempo lo intenté, pero al final del día tengo que dormir con mi conciencia. Y un polvo no merece la pena. Prometer hasta meter y, una vez metido, olvidar lo prometido. No se trata de que ellas lo sean mejores; que ni de coña lo son. Aquí no hay cuentos con final feliz estilo Disney. En el amor y en la guerra todo vale. Unas veces te hacen daño y otras te lo haces. Soy pesimista. Tal vez por mi condición no creo en el amor. Pero sí en el subidón del enamoramiento. Qué bien sentaba. Ese monotema en la cabeza que te impedía descansar, comer, trabajar, estudiar. Desear ser uno, un apéndice. Sentir dolor al alejarte, faltarte el aliento y una alegría indecible al volver a verla, tocarla, escucharla, tan perfecta. Pero no existen los ángeles. Mean, cagan, se tiran pedos, eructan, les huele el alerón, los pinreles o los bajos. Pero todas sin excepción tienen una mala leche volcánica y explosiva que arrasa tu ego en el momento más inesperado. Aunque hoy en día, gracias a Tinder, ya no hace falta. Eres un descarte para todas. Recuerdo escuchar a las chicas el asco que les daba cuando un feo osaba acercarse. Y sin embargo las veía derretirse de amor cuando un guapo hacía lo mismo. Relativismo. Dependiendo de tu aspecto eres un macizorro o un baboso asqueroso, un Gollum o, peor aún, un amigo o un pagafantas. Ardía por dentro de humillación. Al final es mejor soñar. La realidad siempre tiene dos caras y, generalmente, la escondida lo está por algo.
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